lunes, 4 de septiembre de 2017

Talleres de lactancia

Cuando Lu era muy pequeño y vivíamos en Madrid iba de vez en cuando a los talleres de lactancia de mi centro de salud. Me pareció una buena iniciativa donde siempre se aprendía algo nuevo y donde todas las madres intentaban ayudar o trasladar lo poco que sabían a otras mamás. Funcionan como un grupo de apoyo. He visto llorar de depresión, de sentirse incapaz y después he visto salir a esa misma mujer de la sala con una gran sonrisa. Incluso de desahogo, un día una mamá se puso a criticar a su suegra y cuando terminó todas nos reímos y ella se sintió aliviada. También es un espacio para entablar amistad con otras mamás e intentar salir de paseo o tomarse un café con alguien, hablar, mientras tu bebé duerme (o lo intentas), abandonando la soledad que a veces sientes en casa cuando tu pareja o marido ha vuelto a incorporarse al trabajo después de ese gran permiso de paternidad que existe en nuestro país.
Para mí también fue de gran ayuda porque tuve problemas para iniciar la lactancia. No tuve grietas ni heridas, pero no conseguía que Lu engordase lo que tenía que engordar. De hecho tuve que quedarme una noche más en el hospital cuando nació porque el niño bajó demasiado de peso. Y salí de allí con un biberón en la mano.
Los que me conocen de verdad saben que soy muy terca y me negaba rotundamente a que mi bebé fuese alimentado con leche artificial. Simplemente quería darle el pecho. Sentía que era lo mejor para él, era la opción que había elegido y quería luchar por ello. Y es que la lactancia es muy dura al principio.

La pediatra que me tocó no fue muy comprensiva en ese aspecto. Lu nació con 2.500 kg por lo que ya estaba en un percentil bajo. Y me preguntó si el biberón se lo tomaba bien y al responder afirmativamente me aumentó la dosis de leche en polvo. Yo solo pensaba que cuanta más leche en polvo tomase, menos pecho y por lo tanto tarde o temprano me quedaría sin leche. Y no quería. Como terca que soy al menos quería darle 6 meses de lactancia exclusiva y si lo podía luego alargar más, mejor.
Decidí cambiar de pediatra. La nueva me dijo que poco a poco fuese reduciendo el biberon y que lo que tenía que hacer es ponerme al niño al pecho más frecuentemente y sacarme leche con un extractor para estimular. Así que me fui corriendo a comprar un extractor y si ya sentía que Lu se pasaba su vida en mi teta, ahora ya formaban un conjunto indisoluble.
En el taller no solo aprendí sobre lactancia materna. También sobre el porteo ergonómico (que se convirtió en indispensable), el baby led weaning (aunque no lo hicimos como tal) o las sillas de coche contramarcha (comprada recientemente). Con algunas madres formamos un grupo de WhatsApp que a día de hoy sigue funcionando para preguntar y resolver dudas o apoyar, aunque no con tanto ahínco.
Por tanto, recomiendo ir. Si estás leyendo esto y tenías dudas, anímate. Acércate con tu pareja si quieres, los hombres también son bienvenidos.
Yo volví después cuando Lu ya tuvo unos 8 meses para contar mi experiencia a madres con bebés recién nacidos. El comienzo es muy duro pero después es una experiencia muy bonita.

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